Dos estrategias contra el dengue: Belém prueba el control vectorial de nueva generación

Belém, capital del estado brasileño de Pará, ha incorporado dispositivos de autodiseminación de larvicida a su estrategia contra el dengue. El sistema aprovecha el comportamiento reproductivo de las hembras de Aedes aegypti: al posarse en un recipiente tratado, transportan partículas de larvicida a otros lugares donde depositan sus huevos.

El objetivo es alcanzar criaderos pequeños, dispersos o de difícil acceso. No sustituye la eliminación de recipientes con agua acumulada, pero puede reforzarla allí donde la inspección y el tratamiento directo resultan insuficientes. Es una intervención orientada a interrumpir el ciclo antes de que las larvas se conviertan en mosquitos adultos.

La medida forma parte de un cambio más amplio en la política brasileña de control de arbovirosis. Junto a los larvicidas, el país ha ampliado el uso de mosquitos Aedes aegypti portadores de Wolbachia, una bacteria que reduce la capacidad del vector para transmitir dengue, zika y chikunguña.

Ambas estrategias responden a mecanismos distintos. La autodiseminación larvicida reduce la producción de mosquitos; Wolbachia disminuye la capacidad de transmisión de los mosquitos que permanecen en el medio. No deben presentarse como alternativas excluyentes, sino como instrumentos que pueden integrarse en un programa de control vectorial.

La evidencia sobre Wolbachia es sólida. Un ensayo aleatorizado realizado en Yogyakarta, Indonesia, halló una reducción del 77% de los casos de dengue confirmados y del 86% de las hospitalizaciones en las áreas intervenidas. En Niterói, Brasil, el seguimiento posterior a la implantación urbana ha mostrado una elevada persistencia de Wolbachia y una reducción sostenida de la incidencia notificada de dengue.

Los resultados son relevantes, aunque exigen una lectura prudente. La reducción de casos en una ciudad no depende exclusivamente de una intervención concreta: influyen la inmunidad de la población, los serotipos virales circulantes, las lluvias, la temperatura, la movilidad, la calidad de la vigilancia epidemiológica y el acceso a la atención sanitaria. Por ello, las experiencias locales deben evaluarse con indicadores entomológicos, epidemiológicos, sociales y económicos.

Belém ofrece un caso de interés por otra razón. El dengue no es solo una cuestión de mosquitos. La proliferación de Aedes aegypti está vinculada a la gestión de residuos, al abastecimiento irregular de agua, a las condiciones de vivienda y a la capacidad municipal para sostener la vigilancia y las intervenciones en los barrios. Las tecnologías nuevas pueden ampliar la eficacia de los servicios públicos, pero no reemplazan esas políticas básicas.

La Organización Mundial de la Salud plantea precisamente una respuesta integrada: vigilancia epidemiológica y de laboratorio, control vectorial, participación comunitaria, atención clínica y acceso a vacunas y otras contramedidas. Esta perspectiva evita dos errores frecuentes: reducir la respuesta a la fumigación o confiar en que una sola innovación resolverá un problema complejo.

La experiencia de Belém deberá valorarse por su capacidad para reducir la presencia del vector y, sobre todo, los casos graves, las hospitalizaciones y la mortalidad por dengue. Esa es la prueba decisiva para cualquier intervención de salud pública.

Fuentes: Ministerio de Salud de Brasil⁠; ensayo sobre Wolbachia en Yogyakarta⁠; estudio de seguimiento en Niterói⁠; OMS: respuesta mundial frente al dengue⁠.